La depreciación es uno de esos conceptos contables que todos mencionan y pocos manejan con precisión. Este artículo explica qué es, cómo se relaciona con la vida útil de un activo y qué porcentajes aplican en México —y por qué todo eso depende de algo más básico.
Qué es la depreciación
La depreciación es el reconocimiento contable de que un activo fijo pierde valor con el tiempo y el uso. Una máquina que costó cierto monto no vale lo mismo cinco años después: se ha desgastado, se ha vuelto obsoleta, ha consumido parte de su vida.
La depreciación reparte ese costo a lo largo de los años en que el activo se usa, en lugar de cargarlo todo el año de la compra. Es lo que hace que los estados financieros reflejen la realidad económica.
Qué es la vida útil
La vida útil es el periodo durante el cual se espera que un activo sea productivo para la empresa. No es lo mismo que su vida física: una máquina puede funcionar diez años, pero ser económicamente útil solo seis.
La vida útil determina sobre cuántos años se reparte la depreciación. A mayor vida útil, menor depreciación anual.
Los porcentajes de depreciación en México
La Ley del Impuesto Sobre la Renta establece porcentajes máximos de depreciación según el tipo de activo. Algunos de los más comunes:
- Construcciones y edificios: 5% anual
- Mobiliario y equipo de oficina: 10% anual
- Maquinaria y equipo (según la actividad): rangos variables, frecuentemente 10%
- Equipo de cómputo: 30% anual
- Automóviles: 25% anual
Estos porcentajes definen el ritmo máximo al que se puede depreciar fiscalmente. Conviene siempre verificar contra la ley vigente y la actividad específica de la empresa, porque hay matices por giro.
Activos que no se deprecian
No todo se deprecia. El caso clásico es el terreno: no se desgasta con el uso, así que no se deprecia. También quedan fuera los activos que aún no entran en operación.
El punto que casi nadie conecta
Aquí está lo que une todo este artículo con el control de activos: la depreciación solo es correcta si el registro de activos es correcto.
Si tu sistema tiene activos que ya no existen —rotos, vendidos, robados— los estás depreciando como si siguieran ahí. Si tiene activos sin registrar, no los estás depreciando aunque deberías. Si la fecha de alta está mal, el cálculo arranca mal.
La depreciación es una operación matemática sobre datos. Si los datos no reflejan la realidad física, el resultado es preciso pero falso.
Primero el control físico, después el cálculo
Por eso, antes de afinar el cálculo de depreciación, vale la pena asegurar lo de abajo: que el registro de activos coincida con lo que físicamente existe. Un control de activos confiable —con altas, bajas y movimientos registrados de forma automática— es lo que hace que la depreciación deje de ser una estimación y se vuelva un dato.
Agenda una sesión de análisis y revisamos si tu registro de activos está sosteniendo —o distorsionando— tu depreciación.
